La historia de Niky (parte I)

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No recuerdo si fue en el 2009 ó 2010 cuando una hermosa perrita apareció en el patio de la vecina de mis papás y de inmediato me robó -y me partió- el corazón.  Me lo robó porque era tierna, cariñosa, traviesa y muy pequeña pero también me lo partió porque constantemente la amarraban, no tenía comida o estaba a la intemperie sin importar la lluvia o el frío.

Por esa razón, con la aprobación de mis papás y junto con -en ese entonces- mi futura esposa, hablamos con la vecina para que la dejara libre aunque se pasara a nuestro patio.  De inmediato nos encariñamos con ella, le compramos una casa, suéteres, comida y hasta la llevábamos a correr.  Ahí empezó la historia de Niky, amada por mi familia y no tanto por su legítima dueña.

A la vecina no le hacía mucha gracia cómo la tratábamos y todo lo que le dábamos, ya que ella no podía hacerlo y siempre ponía algún pero o decía que nos pagaría lo que habíamos gastado, lo cual, no nos preocupaba ni interesaba ya que lo hacíamos por amor a Niky.

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Un día la notamos rara y parecía enferma, le pedimos permiso a la dueña para llevarla al veterinario pero se negó, argumentando que no podía permitir que gastáramos en algo que a ella le correspondía y que sería ella la que la llevara cuando tuviera dinero (cuando ya le habíamos comprado comida, suéteres, premios, juguetes, etc.).  Estuvimos a punto de no hacerle caso pero afortunadamente reaccionó, la llevó al veterinario y se recuperó, pero fue el primer enfrentamiento de la ‘custodia’.

Pasó el tiempo, mi papá se hizo cargo de su comida y yo, junto con mi hermano, de su cuidado.  Él la entrenó para el perrotón del 2010 en donde quedó en onceavo lugar de la categoría de 5 km.  Era nuestro amor, orgullo, hermanita y adoración.  Así pasaron meses, incluso un par de años y cada vez estaba más de nuestro lado, nos seguía más a nosotros y obviamente nos quería más.

La apatía y el poco tiempo (casi nulo) que la vecina le dedicaba a Niky parecía no importarle a la perrita ya que la recibía con el mismo cariño que a nosotros. Fiel e incondicional a final de cuenta.  Sin embargo, poco le importaba a la vecina el que nosotros nos hiciéramos cargo totalmente de sus gastos, la cuidáramos y paseáramos, ya que ella se creía con los mismos derechos y a veces se la llevaba sin avisar y cuando regresaba se disculpaba.  Hoy sé que lo hacía más para dar un golpe de ‘autoridad’ que por convicción.

Esta práctica se volvió más constante y realmente nos incomodaba y entristecía llegar a la casa y no verla, porque sabíamos que estaba con ella pero desconocíamos si ya había comido, si había pasado frío, si había estado amarrada o si le había pegado.

La convivencia y ‘la custodia’ de Niky cada vez se volvió más complicada y la situación más tensa. La relación con la vecina estaba un poco desgastada y cada vez ‘compartía’ menos a Niky.  Hablamos con ella pero no entendió, se negaba a dejarla en nuestro patio y se la llevaba en repetidas ocasiones.

Pasó el tiempo y como que cedió un poco, Niky volvió a estar en nuestro patio, la paseábamos y todo parecía regresar a la normalidad pero notamos algo raro en ella.  Al final, la vecina nos confesó que la había cruzado (anteriormente habíamos tenido la oportunidad de esterilizarla pero nos detuvimos para preguntarle) lo cual, nos cayó como sorpresa pero muy amarga y extraña… (continuará)

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2 comentarios en “La historia de Niky (parte I)

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