La autodeterminación, el talento y la empatía

triada

Toda organización, por muy grande o pequeña que sea, necesita de colaboradores que cuenten con tres características esenciales, y no sólo para coadyuvar al cumplimiento de los objetivos institucionales, sino para crecer como profesionales y personas: la autodeterminación, el talento y la empatía.

En cualquier empresa hay imprevistos, el cliente es lo más importante o “todo urge para ayer”, aquí es donde entra la autodeterminación.  Para saber qué tanto estoy dispuesto aportar, qué tan comprometido estoy con el trabajo, pendientes y entregables.

En la Universidad no me enseñan la materia de paciencia o de explicar a mi familia  por qué llego tan tarde del trabajo cuando hay emergencias, por esta razón, hay que ser honestos, directos, tener mucha comunicación con nuestros seres queridos y compartirles el impacto que puede tener nuestra actividad así como la importancia de que nosotros estemos ahí para dar solución.

El segundo punto es el talento.  Es innegable que todas las organizaciones lo buscan, desean desarrollarlo, promoverlo y en muchos casos, retenerlo. Tal vez se ha empleado de manera errónea el concepto “talento” pues realmente es esa capacidad que la gente tiene para desarrollar tareas y actividades, no sólo con facilidad sino a la primera, sin errores y además aportando valor.  Hoy en día, “talento”casi siempre se refiere a un nuevo recurso que se integra a la institución.

El talento es pretendido y perseguido porque quienes lo poseen, tienen innumerables capacidades que van desde la administración, homologación de conceptos, conocimiento de tecnología, sapiencia en la escritura, maestría en la oratoria o don en la gastronomía hasta habilidad en las negociaciones. El talento puede salvar a una empresa, meterla en cintura o proyectarla aprovechando sus ventajas diferenciales.

Y por último, la empatía, el ponerme en el lugar y los zapatos de los demás.  Darme cuenta cómo impacta mi retraso – aunque sea por una hora – en mi trabajo o que mis entregables tengan un error.  Saber que una mala planeación o resultado puede desencadenar en que una tonelada de camarones se eche a perder porque los trámites para su distribución no estuvieron a tiempo, que una familia se quede sin comer, que un establecimiento (con todo y su equipo de colaboradores) no reciba el distintivo H o que el mal cálculo de combustible deje varada a una excursión con recursos limitados. Ante esos escenarios, no hay más que comprometerse al cien por ciento, sabiendo que el futuro, el trabajo o la permanencia en el mercado de una empresa dependen de mi talento y autodeterminación.

Un colaborador con estas virtudes es de gran valor en una organización, pero en la mayoría de las ocasiones es el líder, jefe o responsable quien tiene obligación de inculcar este tipo de conductas en las personas, de guiarlos y compartir, basado en la experiencia, cómo actuar y manejarse en situaciones desconocidas o comprometedoras.

Alejandro Pérez Pineda

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@alexperezpineda

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