El arte, la ciencia y hasta la necesidad de decir no.

no

Es un mal que tiene la sociedad mexicana. Titubeante, insegura, con la imperante vehemencia de ser cordial, amiguero, dar largas y hablar en diminutivo para suavizar las cosas.

‘Luego te digo’, ‘cuándo te puedo decir’, ‘hasta cuándo tengo para avisarte’, ‘¿no lo necesitas hoy verdad?’, ‘Lo vemos’, ‘Platicamos’, ‘Nos hablamos’. Lo que ocultan estas frases es un ‘No gracias’ que no pudieron decir.

Hay muchas cosas que me causan placer en esta vida y una de ellas es hablar con las personas sobre lo que les apasiona pero también acerca de lo que les molesta. Por la naturaleza de la conversación siempre salen a flote pasatiempos, aficiones y hábitos – y por lo mismo – el infaltable fanatismo traducido en compromiso por medio de una pregunta: ¿no quieres ir a escalar? (si les gusta el alpinismo), ¿no te gustaría ir a Tres Marías el domingo en la mañana? (si les gusta la bicicleta), ¿por qué no vamos al club este domingo? y una larga lista de etcéteras (tan amplia como los gustos de cada quien).

Esas preguntas parecerían inofensivas, lo difícil es cuando son interrogantes que comprometen y pueden resultar en malos entendidos o complicaciones con amigos o familiares.
¿Por qué no pruebas esto?, ¿Nos echamos la última?, ¿me puedes llevar a mi casa?, ¿me prestas tu carro, dinero, tarjeta?

Por eso, cuando me proponen o preguntan algo que no es de mi total agrado tengo todos los elementos para decir: No, gracias. Creo que por eso escucho tan atentamente a los vendedores, encuestadores, empleados y amigos, para tener los suficientes elementos como para decir que no sin empacho, pena o remordimiento. Se siente tan bien.

Obviamente no a todos y a todo le voy a decir que no, solamente aquello que no me convenza, que me incomode o que me pueda traer un problema en el futuro, ¿parece fácil, no? Ponte a prueba con las siguientes preguntas que te hagan en los próximos días:

¿Desea redondear?
¿Desde adquirir su crédito Walmart?
¿Me regala una moneda?
¿Me acompañas por un café/a fumar/ por algo de comer?
¿Pasas por mí?
¿No quieres un pan?
¿Vamos a los tacos?
¿Llevas tu coche?

Pero no olvides dibujar una sonrisa en tu rostro mientras pronuncias esa hermosa palabra: ¡No! Tampoco la gente está acostumbrada a dos cosas: a que le sonrían y a que le digan que no, por lo que causará un impacto sorpresivo y positivo ya que una sonrisa casi nunca será mal recibida.

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