¿Siete o quince kilómetros?

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Por diferentes circunstancias, en esta ocasión no hubo preparación. Sin embargo, ahí estaba, en la línea de salida, padeciendo con un inusual frío decembrino, sueño, hambre y la eterna pregunta que todo corredor se hace antes de empezar una carrera: ¿Qué hago aquí?

Todavía no sé por qué lo hice si no contaba con la preparación requerida. Tal vez mi subconsciente me obligó con pequeños pero constantes mensajes que sonaban así: “Eso te gusta, debes hacerlo” o porque la disciplina de años anteriores me alcanzaría para librar este reto.
Ya sea por una u otra razón, me animé a correr los 15 km de Star Wars y evidentemente el saber que no estaba preparado hizo que pasara por mi mente no una ni dos sino cuarenta o cincuenta veces el pensamiento de – en algún momento de la carrera – hacer la de 7 km.
“Cuando desvíen a los de 7 km me iré con ellos” pensé varias veces. Y llegó la primera oportunidad. “Corredores de 7 km a su derecha, corredores de 15 km sigan derecho”. Inexplicablemente seguí derecho por las interminables subidas y bajadas del Pedregal. ¿Me arrepentí? Sí, pero buscaba distraerme viendo las hermosas y gigantescas casas, las caras de incredulidad de los vecinos al ver que una bola de disfrazados madrugadores les estaban arruinando la hora del brunch dominical.
“Me hubiera ido con los de 7 km y ya habría terminado” pensé numerosas veces, hasta que llegó la segunda oportunidad. “Corredores de 7 km a su derecha, corredores de 15 km sigan derecho”. Para completar los 7 km ya solamente faltaban dos y para los 15 km todavía faltaban diez largos kilómetros. Pues me seguí derecho otra vez. “Valdrá la pena, me voy al pasito, sin detenerme”.
Me distraje viendo los disfraces, las calles, camellones, casas con letreros advirtiendo que esa propiedad no estaba en venta, que no se dejaran engañar, pero empecé a sentir el cansancio en las pantorrillas por las pendientes tan pronunciadas que se acentuaron a partir del kilómetro nueve. Parecía un camino sin retorno, por más que corría no se veía alguna vuelta, una indicación que anunciara el punto de regreso, nada.
Por fin vislumbré el retorno, pero por más que corría el punto parecía estático, como si yo no avanzara, evidentemente ya también pegaba el sol y el desgaste aumentaba.
Con mucho esfuerzo y sin detenerme en las subidas, llegué al punto donde casi cuarenta minutos antes dudé en irme a la derecha o derecho. El llegar el kilómetro 12 fue un verdadero alivio que pasó como un suspiro al ver que todavía faltaba una subida más. Un retorno más.
El gatorade pasando el kilómetro 13 me supo a gloria, delicioso y deseando que ese líquido se convirtiera en sólido para poder masticarlo y que durara más.
El kilómetro 14, por fin una bajada y ahora todo es alegría, sonrisas y pensamientos tipo “Yo soy el rey del mundo”, “Listo para la siguiente carrera”. Mágicamente las piernas responden para el cierre, la respiración se controla y queda aire para transmitir en vivo la llegada.
Por fin, cruzo la meta y sigo caminando, de repente me siento atrabancado por lo que hago punta- talón y estiro un poco. Hay que seguir el recorrido para la hidratación y por supuesto, la medalla.
¿Agotado? Sí, pero la satisfacción de no haberse ido por la ruta corta valió el esfuerzo, el cansancio y desgaste. Saber que no estaba preparado fue el mayor reto no solamente mental sino físico, pero dos cosas me impulsaron mucho: me gusta, lo he hecho, sé cómo hacerlo y sé que puedo hacerlo una vez más (evidentemente con preparación todo fluirá mejor).
Bueno, ahora a aplicarlo en el día a día, en la vida pues.

Alejandro Pérez Pineda
@alexperezpineda

México fuera del Mundial Rusia 2018

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La participación de México en el Mundial me deja un sabor agridulce. Le ganaron a Alemania y la dejaron tan golpeada que, aunque parecía que se recuperaba con el 2-1 ante Suecia, finalmente sucumbió ante una aguerrida Corea. Lograron que muchos nos imagináramos cosas chingonas incluso fuera de la cancha, que se podía creer lo increíble y pensar lo impensable.

La prensa deportiva en nuestro país es un cáncer tan volátil que encumbra y enaltece o hunde y destruye en cuestión de segundos, sin ningún tipo de equilibrio y eso, no ayuda para nada. Ante la crítica, los jugadores no saben manejar sus emociones y mucho menos expresarlas, si a esto le añadimos la exposición en redes sociales nos damos cuenta que verdaderamente escriben con las patas, escupen lo primero que sienten, evitándose el filtro por el cerebro o sentido común.
Hoy México jugó como México, aguerrido pero sin idea, respondón pero sin profundidad, con ganas pero sin argumentos… y Brasil, pues lo dijeron muy bien en Tv Azteca: Podrá no ser la mejor versión de Brasil pero en cualquier momento aparecerán sus estrellas en una jugada, un destello, un pase… y así fue.
Ni se hizo historia (la que realmente se buscaba hacer) ni esta selección será recordada (como se quería recordar). Tampoco ayudó el imaginar cosas chingonas y agarrarse de ese estandarte, pensando que con solo eso llegaríamos al quinto partido.

Comienza a correr

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Si dentro de tus propósitos de fin de año estaba el famoso ‘Hacer más ejercicio’ (aunque no hagas nada) yo te recomiendo que no lo hagas como algo que debes cumplir o porque esté de moda, hazlo porque estás convencido de que quieres algo nuevo en tu vida, deseas sentirte con más energía y comenzar a vivir una serie cambios que definitivamente te volverán una persona diferente.

Muchas personas ven en correr una buena opción, sin embargo al poco tiempo se desmotivan, aburren o cansan y no le dan seguimiento – no tanto al propósito – sino a una de las actividades más recreativas y que generan una enorme integración.

¿Cuáles son los errores más comunes?

No fijar una hora para correr.

Decir ‘si me despierto voy en la mañana’ o ‘si llego temprano del trabajo voy en la noche’.  Por muy sencillo que parezca el ordenar las cosas (tenis, short, sudadera, Ipod, audífonos, tenis, llaves) desde la noche anterior ayuda mucho.  De igual forma, el llevarse una maleta al trabajo de cierta manera ‘compromete’ a realizar la actividad.

No equiparse de forma correcta.

Algunos piensan que correr es una actividad que puede realizarse ‘gratis’ y tienen razón, pero si procuras adquirir unos buenos tenis, ropa deportiva de tu agrado (playeras, sudaderas, short, gorras y calcetas) serán alicientes que no sólo te brindarán comodidad, también estilo.

No ‘compartir’ tu actividad.

No sólo me refiero a decirle a todo mundo que corres (y en algún momento proponerle que lo hagan juntos, sobre todo si cuando corres no hay mucha luz) sino que utilices aplicaciones como Nike o Runtastic para compartir lo que haces a través de las redes sociales. Esto no es para ‘estar de moda’ ya que estas plataformas hacen un seguimiento de tu actividad, te dicen cuántas veces estuviste activo en la semana, el mes, cuál fue tu carrera más larga o kilómetro más rápido.  También puedes entrar en contacto con otros amigos corredores y empezar a crear comunidades estableciendo una sana –y encarnizada– competencia.

No evolucionar.

Mucha gente se desanima porque siente que no trasciende y que el poste o el árbol en la última vuelta ya dejó de ser atractivo para hacer el último esfuerzo o correr en ‘sprint’.

Además de medir tu tiempo con las aplicaciones o usando tu reloj, puedes poner retos como tus primeros cinco kilómetros, luego diez, medio maratón y el maratón, obviamente de manera gradual y con programas que te lleven paso a paso de una distancia a otra.

Enfocarse únicamente en reducir tiempo, bajar de peso o ‘quedar bien’

Si das unos pasos y estás viendo el reloj, llegas a tu primer kilómetro y otra vez volteas a verlo y a penas terminas es lo primero que ves, se volverá una obsesión.  Calienta de forma adecuada, disfruta tu carrera, estira correctamente y sigue el plan para el objetivo que te trazaste, bajar el tiempo será consecuencia.

Algo muy similar ocurre con el deseo de correr únicamente para bajar de peso.  Mi recomendación es que seas constante, no desistas, intensifica gradualmente tus entrenamientos, hidrátate y no te ‘desquites’ con la comida después de una carrera.  Hazlo moderadamente e igual, el que bajes de peso será otra consecuencia.

Si no te gusta correr o no ha llegado tu momento para iniciarte en esta actividad, no hay nada más desatinado que hacerlo para quedar bien con alguien ya que posiblemente se diluirá la esperanza de que más adelante realmente pueda gustarte.  Prueba una o dos veces pero sé sincero contigo mismo y si no te llena, prueba otra disciplina.  Cuando estés listo, el correr llegará a tu vida.

Alejandro Pérez Pineda

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